"Periplo NUCLEAR"

martes, 3 de agosto de 2010

¿Cómo podríamos explicar aquella experiencia desabrida y ruidosa en aquel bar limeño que tantas veces, añeja a seguidores de tan variopinta movida que hace eco en nuestra mediocre sociedad? Pues bien, la manera más sincera de comenzar, sería denotar los detalles, aquellos que diciéndonos nada, nos dicen todo, por ejemplo, si esperas encontrar una bienvenida acorde - y con esto me refiero específicamente a la entrada del local - te darás un fiasco monumental, lo que encontraras será una gran e impávida típica puerta de rejas color negro que dan la impresión de decirte: “pasa de largo nomás que aquí no hay nada que te interese” sin embargo, el bullicio, aquellos riffs potentes, aquellos arpegios, aquellas escalas imposibles, aquella canción de Pantera “cowboys from hell” que escapa por las rendijas y se escabulle por nuestros tímpanos hasta llegar a nuestro pensamiento de headbanger, te hace meditar al respecto: ¿cómo aquella fachada sin importancia, podría albergar tan magno sonido estridente que logra controlar tus impulsos, a tal punto de querer agitar la cabeza desenfrenadamente mientras buscas qué golpear a alguien con todas tus fuerzas para volver al estado normal de calma y pasividad? Y es que tal vez algunas incoherencias, simplemente, tienen sentido.


Las referencias que te pueden dar, tal vez te confundan un poco, pero como expuse en el párrafo anterior, las cosas no suelen ser lo que parecen y más aún, cuando tus expectativas superan la realidad, es por ello, que lo más sensato, es aventurarse, adentrarse, buscar el modo de encontrarse a sí mismo, dentro del local, de disipar las dudas y sacar aquel clavo profundo de tu interior, no permitas que el temor o la vergüenza te embargue, siente plena confianza de saberte adecuado en lo que haces, puesto que el único modo sutil de poder ser partícipe del ruido, es uniéndote a él.

Cuando la reja se abre, cuando aquel portón de metal desaparece de tu presencia, el ruido te golpea de lleno, entonces quieres seguir adelante para familiarizarte con la escena pero, espera, unas fierecillas domadas, pretendiendo ser féminas de vida salvaje, te exigen un tributo a cambio de dejarte entrar, desempolva la billetera, paga tu cuestión y date por servido, aquel lugar ahora te pertenece, aquel ambiente es ahora tuyo, o quizá no.
El recinto no luce amplio, al contrario se siente apretujado, la barra se encuentra ubicada cerca a la entrada del bar, llena de bebidas espirituosas de todo calibre y también de personal de poco calibre pero mucha precisión. Cuando denoté que el recinto parece no pertenecerte, es simple lógica, al igual que tú, encontraras a infinidad de personajillos que comparten la misma afición por la bulla como tú comprenderás. Centenares de melenas se agitan al ritmo del más estridente fondo tan heavy como el acero, y es que, el sentimiento en aquel espacio es mutuo, es compartido. Ahora bien, si observamos detalladamente, reconoceremos de inmediato que el local está adornado de carteles de “héroes” efímeros de la contracultura musical, el escenario se encuentra al extremo contrario a la entrada, sin embargo, flanqueando todo el perímetro encontraras alguna que otra banca en la que puedas posar tus bultos (no recomiendo hacerlo) es un bar donde los conciertos se suceden, no una obra de teatro de alcurnia, así que por favor al César lo que es del César.




Y ya que nombré a Julio César, podemos sin temor a equivocarnos, realizar un paralelo entre esas épocas donde el emperador vivió y el presente, ya que por momentos el ambiente se transforma en un bacanal, donde el alcohol, los cigarrillos y una que otra droga alucinógena, se apoderan de nuestros sentidos, el ambiente huele a transpiración, a agitación, a hormonas en proceso de ebullición, el control se pierde en lo absurdo, en gritos al silencio, en movimientos involuntarios de las extremidades (superiores e inferiores) en fin, lo único que hace que está comparación no caiga solamente en la mera exageración es que, no hay orgías de por medio (…) como, según los libros de historia, si existió en aquella época del “Ave César”.

El Primer Festival de Metal Sinfónico realizado en el mega conocido NUCLEAR BAR (Jr. Quilca 328 – Lima), espectáculo del cual fuimos participes aquel 24 de julio nos embaucó con tributos a Nightwish (por Yawarhiem), Xandria (por Hamadria), Lacuna Coil (por Híbrida), Epica (por Hypnox) y Within Temptation (por Impiedad). Okey, el paraje de bandas aceptables como hacedoras de tributos, era buena (en su gran mayoría) quizá el entusiasmo superó la realidad. Ahora bien, la ubicación, es elemental saber ubicarte en un concierto y más aún, en un local y en un espectáculo como este, recordemos que los momentos de auge hormonal (a raíz de los poderosos riffs guitarreros o tal vez al galope infernal de los bombos de la batería) el caso es que, en situaciones como esa, ubicarse delante - casi raspando los filos del escenario -, no es lo más conveniente, en el momento del furor, los empujones se suceden uno a uno, la violencia aumenta hasta niveles insospechados y no es dable ni saludable ser el blanco receptivo de tan infame brutalidad musical; pero bien, tampoco es dable ubicarse a los costados (como fue nuestro caso), el resultado es el mismo, pero en menor escala, la incomodidad de los apretujones, los humores, la transpiración, los indeseable que tan solo aparecen por esos lares, para buscar que manosear a alguna fémina en descuido o algún joven desprevenido (…) como siempre, en todos los lugares habidos y por haber, existen este tipo de situaciones y existirán, en fin.

La primera banda en adentrarse en aquel escenario fue Impiedad, quienes interpretaron temas de Within Temptation; luego Hamadria hizo su arribo, quienes interpretaron Ravenheart y Eversleeping de Xandria; Heaven’s a lie y Our Truth de Lacuna Coil, interpretado por Híbrida; Yawarhiem tocando temas de Nightwish, tales como Deep Silence Complete y el clásico The Phantom Of The Opera y finalmente Hypnox interpretó temas de la banda metal sinfónico Epica tales como la canción Cry For The Moon y algunas de su último disco. Cabe señalar que mientras la bandas se explayaban a sus anchas interpretando temas propios así como las de las bandas tributo, los asistentes meneaban las cabelleras de un modo casi descomunal, los brazos se agitaban sin sentido y la perdición entre el sonido era evidente. De igual modo, nos perdimos entre la multitud entre vítores de impaciencia propinados por los asistentes, exigiendo que las bandas interpreten las canciones que a su propio parecer merecen ser escuchadas, pero como sucede en todo recital, no todos terminan felices y comiendo perdices. Interesante y variopinta experiencia que vivimos aquel sábado pasado, que nos sacó de la rutina para adentrarnos en otra rutina, la del headbanging citadino desenfrenado y mal oliente de Lima.





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1 comentarios:

carli dijo...

tu descripción me gusto, así son varios lugares donde el ruido visual y el auditívo no te dejan pensar, solo te mezclas te tratas de insertar con la múltitud y te divertis en ese anonimato,un beso.

 
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